MusicArte: una tarde donde el talento joven se encontró con la emoción

MusicArte - SAN

El Centro Cultural Municipal volvió a ser escenario de una nueva edición de MusicArte. Esta vez, jóvenes de distintas academias se animaron a mostrar lo aprendido, pero también algo mucho más profundo: la pasión por la música y ese lugar de refugio que encuentran en ella.

Mientras el fin de semana transcurría entre una festividad importante y el movimiento de vecinos que se concentraba en las afueras de la ciudad, en el Centro Cultural Municipal sucedía algo diferente. Allí, las voces, los instrumentos y el arte fueron los protagonistas de una jornada que tuvo talento, nervios, aplausos y, sobre todo, mucha emoción.

MusicArte volvió a reunir a jóvenes de distintas academias, que subieron al escenario con recorridos diferentes. Algunos llevan años de clases y ensayos; otros están dando sus primeros pasos. Pero hubo algo que los igualó: la convicción de estar allí para compartir aquello que aman.

Claudia Quero volvió a ponerse al frente de la propuesta. El domingo anterior había sido el turno de los más pequeños y en esta oportunidad por primera vez llegó el momento de los jóvenes demostrando que pueden plantarse frente a un escenario con seguridad, sensibilidad y ese particular “ángel” que aparece cuando lo que se hace nace de una verdadera vocación.

Hubo voces dulces, interpretaciones que sorprendieron y momentos en los que el silencio del público parecía decir tanto como los aplausos. Porque más allá de la técnica y de las horas de ensayo, la música consiguió algo difícil de explicar: tocar una fibra íntima en quienes estaban del otro lado.

Y hubo un momento que resumió buena parte de lo que fue la tarde.

Almita comenzó a cantar “La llave”, de Abel Pintos. Las primeras estrofas avanzaron con firmeza hasta que llegaron los primeros aplausos. Entonces apareció la emoción que, hasta ese instante, había logrado contener.

Lloró.

Pero no dejó de cantar.

Con la voz atravesada por la emoción y los ojos llenos de lágrimas, siguió adelante hasta completar la canción. El público acompañó ese instante con una ovación que pareció abrazarla. No era solamente el reconocimiento a una interpretación: era también el reconocimiento a alguien que se había animado a mostrar lo que siente y lo que sueña.

Quizás allí estuvo el verdadero sentido de MusicArte. En entender que un escenario no siempre es solamente un lugar para demostrar cuánto se aprendió. También puede ser el espacio donde alguien se descubre, se emociona, vence un miedo y encuentra en los demás una mirada que le dice que vale la pena seguir.

Una vez más, Deán Funes volvió a encontrarse con una identidad que muchas veces se busca y que, quizás, siempre estuvo allí: en el arte. En la música, en quienes se animan a cantar, en quienes acompañan desde una butaca y en todos aquellos que alguna vez soñaron (o todavía sueñan) con tener el arte entre sus manos.

Porque cuando el arte consigue emocionar a quien está arriba y a quien está abajo del escenario, deja de ser solamente un espectáculo. Se convierte en parte de una comunidad.

4-10-2026

 

 

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