Al cumplirse 75 años del nacimiento de Ica Novo, la ciudad que lo vio nacer y de la que fue uno de sus más destacados embajadores finalmente le rindió el homenaje que, para muchos, debió haber recibido en vida. El reconocimiento comenzó a gestarse por iniciativa de un grupo de vecinos y terminó concretándose con el respaldo del Estado.
La pregunta surge inevitablemente: ¿esta vez alguien tuvo que ceder? La respuesta es sencilla: sí. Se dejaron de lado las diferencias y, el sábado 4 de julio de 2026, todas las partes confluyeron en un mismo objetivo: descubrir una obra escultórica que refleja fielmente la figura del Ica. La pieza fue tallada por el artista local Jorge Garay, quien supo plasmar con precisión la esencia del músico.
Durante el acto en el que Ica Novo fue declarado Ciudadano Ilustre no se mencionó a los vecinos que impulsaron y sostuvieron la iniciativa desde sus comienzos. Sin embargo, una entrevista realizada a Pepe Novo en Radio Pueblo permitió conocer que fueron ellos quienes golpearon las puertas del hermano del artista, radicado nuevamente en la ciudad, para comenzar a construir este homenaje póstumo.
Quienes durante años reivindicamos la rebeldía artística del Ica —el mismo que, tomándose su tiempo, escribió la chacarera más versionada del país— sabemos que su legado trascendió cualquier mezquindad. El arte nunca entendió de fronteras ni de dueños. Del mismo modo que alguna vez se sostuvo que solo un santiagueño podía interpretar con la destreza necesaria el repiqueteo del bombo en una chacarera, el Ica demostró que el talento no reconoce límites geográficos ni prejuicios.
Esta vez prevaleció el consenso y, aunque tardío, llegó el reconocimiento para quien llevó el nombre de Deán Funes por escenarios dentro y fuera del país.
Mientras observaba la escultura durante la fría mañana del sábado 4 de julio de 2026, emplazada entre el estadio Fuhad Cordi y el parque donde cada día juegan niños ajenos a las miserias de los adultos, escuché la ocurrencia de un amigo del Ica cuando la tela que cubría la obra se resistía a caer. Con una sonrisa, dijo: “Vamos Ica querido… bien hecho, seguí resistiendo…”. De algún modo, pareció confirmar que el espíritu irreverente del artista seguía allí, presente. Desde ahora, ese será un lugar donde la historia mantendrá viva la memoria de un artista que, en los últimos años de su vida, sufrió el desprecio de quienes entonces gobernaban la ciudad.
Fue el propio Ica Novo quien denunció públicamente que no lo convocaban a integrar la grilla artística del festival local, el “Padre de Festivales”. Con ironía y dolor resumía aquella situación en una frase que quedó para siempre: “…No se si me habrán proscripto, o no les interesa, pero toco en todas partes del mundo menos en Deán Funes”. Eran otros tiempos, otros funcionarios, aunque del mismo signo político que los actuales.
Hoy la historia ofrece una oportunidad distinta. Cuando alguien visite Deán Funes, habrá una parada obligada: la escultura de Ica Novo. Allí será inevitable entonar la Chacarera del Norte, tomarse una fotografía y recordar que, a veces, ceder también es una forma de reparar las heridas que nunca debieron existir.
05-07-2026
